El Nuevo Herald
En el downtown, desde Brickell Avenue north hasta el barrio
de Edgewater, desde el Río Miami arriba hasta el Coral Way histórico
abajo, grandes trozos del viejo Miami están desapareciendo
aceleradamente en medio de nubes de polvo. En su lugar está surgiendo
el nuevo Miami: un denso bosque de brillante torres de condominio.
La magnitud y velocidad de la transformación es impresionante.
Más de 114 grandes proyectos, la mayoría torres de condominio de
acero y cristal, están en construcción o siendo planificadasen el
pasillo urbano a lo largo de la Bahía de Biscayne.
Los constructores están proponiendo más de 61,000 nuevas unidades de
condominio en toda la ciudad, ocho veces la cifra construida en la
pasada década.
Los proyectos comprenden el mayor rascacielos de la Florida, una
espira de 74 pisos, más alto que ningún otro edificio residencial al
sur de Manhattan, casi cuatro millones de nuevo espacio de tiendas
(casi tanto como dos Aventura Malls) y parqueo para más de 100,000
carros.
''En Miami tenemos una ola de construcción que no tiene precedentes,
mayor que cualquier cosa, mayor que Hong Kong en los años de su gran
expansión constructiva'', dijo Charles Hales, un asesor de transporte
que está trabajando en un plan para una línea de tranvías en Miami.
La región no había experimentado nada semejante desde la explosión
de la construcción en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial cuando
la población de Miami-Dade se quintuplicó para llegar a más de un
millón de personas.
''Estamos construyendo una ciudad instantánea; lo que debía
demorarse 15 años, se va a demorar tres'', dijo Michael Cannon, un
analista de inmobiliario de Miami.
La explosión se ha producido súbita e inesperadamente. Primero unos
pocos proyectos y luego una avalancha. El dinero en efectivo ha venido
de América Latina, Nueva York y, crecientemente, de Europa, resultado
de convergentes corrientes del mercado: la rebaja de las tasas de
interés, un dólar barato y la atracción mundial por Miami entre los
chic y acaudalados.
Todo se ha convertido en juego de miles de millones de dólares que
supera en audacia la explosión de los años 20 que hizo de Miami una
ciudad moderna. Con costa, sol y una cultura internacional, esta
intensa construcción residencial en el downtown de Miami pudiera
catapultear la ciudad al primer rango de las ciudades mundiales.
Los funcionarios electos, en particular el alcalde de Miami Manny
Díaz y el comisionado de Miami Johnny Winton, están contando con esta
efervescencia para revertir la larga decadencia del downtown. Es una
oportunidad para transformar sus sórdidas calles y vecindarios en un
hermoso núcleo urbano con una vibrante vida callejera.
''Hace sólo cinco años estábamos en quiebra; no teníamos
construcción'', dijo Winton. ``Le apuesto que cuando terminemos -- no
sé cuando será -- los historiadores dirán que ha sido la transformación
más rápida y significativa de una ciudad americana''.
¿Que significará precisamente esta explosión constructiva? Es demasidado temprano para saber, dicen los expertos.
Pero esta fenomenal expansión no sólo está rehaciendo la silueta de
la ciudad sino también sus calles, sus barrios y probablemente también
su población.
De mantener su ritmo, la expansión promete un Miami fundamentalmente
diferente, más urbano y congestionado pero también mmás cosmopolita y,
dado el alto precio de los condos, probablemente más rico.
También plantea serias preocupaciones. En ausencia de un plan, ¿cómo
copará la ciudad con miles de nuevos residentes y el tráfico que van a
generar? ¿Cómo podrá hacerlo dada la anticuada infraestructura, el
escaso transporte público y la escasez de parques y espacios abiertos?
Y, por otra parte, ¿serán desplazados los residentes de Miami que están
entre los más pobres de los residentes urbanos de la nación?
Esto es, por supuesto, si los condos planificados se construyen, se venden y se ocupan.
En lo que la explosión constructiva empieza a parecer una fiebre del
oro, analistas de inmobiliario, banqueros y hasta algunos constructores
temen que sea simplemente una burbuja alimentada por especuladores que
quieren revender las unidades para una ganancia rápida, y no por una
verdadera demanda de los consumidores.
Si se construye demasiado, y los especuladores no pueden encontrar
compradores para las reventas, la explosión pudiera frustrarse dejando
a Miami llenos de edificios vacantes y quebrados o, peor aún, de torres
incompletas y solares yermos. Por ahora, sin embargo, todo parece
indicar que la fiebre continúa.
Por toda la ciudad, han surgido centros de venta de condominos
multimillonarios. Los comisionistas están cantando las maravillas de
Miami de Caracas y Bogotá hasta Nueva York y la Cte d`Azur. Todas las
semanas, los constructores dan varias lujosas fiestas de condos y los
anunncios de las torres llenan las páginas de los periódicos y
lasrevistas, incluyendo al Herald.
El downtown de Miami está lleno de grúas de construcción. Buena
parte del Biscayne Boulevard ha sido arrasada y ya se están haciendo
visibles los pilares y cimientos de lo que pronto será una pared de
seis colosales condominios, cada uno de ellos de más de 50 pisos.
``¿En qué otra parte va a estar usted cerca del agua, a 10 minutos
de Miami Beach, a 15 minutos del aeropuerto y con acceso al transporte
público?, preguntaba Daniel Kodsi, director general de las Royal Palm
Communities, radicado en Boca Ratón, que está planificando una torre de
condominios llamada Paramount Park frente a la AmericanAirlines Arena.
Hay tanta construcción que los constructores están pasando trabajo para encontrar contratistas y subconstatistas.
Las ventas y reventas en el medio millón de dólares, y mucho más,
son habituales. Torres de 300 unidades se venden en un día. Los
compradores no vienen de Miami sino de otras partes del país y del
mundo.
''Miami, Nueva York y Los Angeles se han convertido en tres ciudades
de los Estados Unidos donde la gente quiere estar'', dijo Joe Cayre,
presidente del Midtown Group, que está construyendo ocho condominios en
las antiguas estaciones del Florida East Coast Railroad en Wynwood.
Hay gente como Sal Loduca que piensa dejar Manhattan y el negocio
familiar de alimentos para abrir una pizzeria con un horno de ladrillos
en Cayre's Midtown Miami.