Patricia Ortiz y su esposo Sebastián redujeron sus salidas a cenar, sus visitas al cine e incluso optaron por un matrimonio civil y no una gran ceremonia religiosa a fin de adquirir su casa colonial de tres dormitorios a $389,000.
Al hacerlo, la pareja panameña contribuyó con el alicaído mercado inmobiliario estadounidense.
Con su poder adquisitivo en aumento, el creciente número de residentes estadounidenses nacidos en el extranjero ha evitado un colapso en ese sector de la economía. Y ante la lenta demanda de una población nativa que envejece y crece lentamente, los inmigrantes están alimentando las predicciones de un repunte en el mercado.
Suponiendo que el Congreso no imponga nuevas restricciones, se espera que los inmigrantes --legales e ilegales-- y sus hijos nacidos en Estados Unidos brinden el principal impulso para que aumente la demanda de viviendas en los próximos años, fortaleciendo así el mercado y contribuyendo con la economía en general.
Se calcula que el aumento de viviendas en Estados Unidos desde el 2005 al 2015 alcanzará 14.6 millones --casi dos millones más que en el periodo 1995-2000-- principalmente debido a una mayor cantidad de inmigrantes, según un análisis reciente del Centro Conjunto de Estudios Inmobiliarios de la Universidad de Harvard.
La mayoría de hijos nativos estadounidenses de los inmigrantes son clasificados como minoría racial, y la participación de las minorías en la propiedad de viviendas nuevas en el país --un factor clave de la demanda inmobiliaria-- se calcula que podría ascender de poco más de dos tercios en la actualidad a más de tres cuartos en el 2020, según un estudio preliminar de Harvard.
''Al superar esta recesión inmobiliaria, los inmigrantes continuarán teniendo un papel aún mayor'', dijo Dowell Myers, un profesor de la Universidad de Sur de California que estudia el progreso de los inmigrantes. ``Si fueras a detener la inmigración, sería devastador, porque paulatinamente sustraería esta inmensa porción de las bases del mercado inmobiliario''.
Para los inmigrantes que han dejado sus países de origen en busca de mejores oportunidades, la compra de vivienda es otro riesgo justificado. Patricia Ortiz y su esposo obtuvieron el año pasado una hipoteca de tasa variable para adquirir su casa en Billerica, un suburbio de Boston, asumiendo el riesgo de que aumentaran sus cuotas mensuales de $3,000 a cambio de tener un lugar que ellos y su hija recién nacida pudieran considerar su verdadero hogar.
''Una vez que te lanzas, te las arreglas para que funcione'', dijo Ortiz, supervisora en una aseguradora dental de 31 años de edad, y estadounidense naturalizada. ``Pero siempre está la duda de que si no lo logro, tendré que empacar y regresarme a Panamá. De alguna manera sientes que debes destacarte en todo lo que hagas''.
Los inmigrantes formaron más del 40% de las familias nuevas que la nación agregó desde el 2000 al 2005, un aumento en comparación con menos de 30% registrado en la década de los 90 y un 15% en la década de los 80, determinó el centro de Harvard en su más reciente estudio anual del mercado inmobiliario.
''La cantidad de nuevas casas construidas se relaciona con la cantidad de familias agregadas, por lo cual la inmigración es tan importante para el mercado inmobiliario'', observó Eric Belsky, director ejecutivo del centro.
En el 2000, los apellidos más comunes entre los compradores de viviendas estadounidenses fueron Smith, Johnson, Brown, Williams y Miller. En el 2005, Rodríguez y García rebasaron a Brown y Miller, según DataQuick Information Systems, una empresa de San Diego que analizó títulos de propiedad y estadísticas de condados en gran parte de la nación.